El menguante fantasma de la “generación del Beat”

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Si alguna vez se habla de amores tóxicos que carcomen los silencios, a la par que los nudillos, nunca se cuenta la doblegación de los sentimientos, la ansiedad de las miradas, el rugido de un corazón ardiente, la obsesión animal y la necesidad podrida que traquetea hasta que tiene que estallar, y entonces las manos se llenan de sangre. Una sangre marcada por la pasión y el más absoluto miedo.

En 1944 en Nueva York, cae un cadáver al Hudson, y una sombra huye en la oscuridad, con las manos trémulas y el aliento extinto. Y parece mentira decir que aquel fue el comienzo de lo hoy en día conocemos como la “Generación del Beat”

Un poco antes Allen Ginsberg comparte habitación con un joven fascinante de ojos endiablados y encendidos, que despertaría en él el poema que hoy todos conocemos como “Howl” (Aullido). Se llamaba Lucien Carr, y fue el primero en hablar de “La nueva visión” que establecería después las tres reglas mas importantes de la generación del beat:

  1. La desnuda y completa expresión personal en busca de la creatividad.
  2. La conciencia del artista es expandida a través de una degeneración de sus sentidos
  3. El arte ha de eludir completamente la moralidad convencional.

He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz

Howl-Allen Ginsberg


 

Lucien tenía en sus palabras irreverentes y sus ideas vanguardistas, la caja de cerillas que inspiraría el incendio literario que sucedió a continuación en libros como “En el camino” o “El almuerzo desnudo”. Fue el primero en presentar a los tres célebres escritores entre sí, y emocionarlos con lineas de Rimbaud o Whitman.
Los cuatro vivían las noches con desenfreno entre alucinaciones divinas y botellas de whisky, húmedos cigarros y textos prohibidos. Y es en aquellas noches donde se formulan las primeras ideas de rechazo hacia todas aquellas morales convencionales.

Pero Allen no era el único admirador de Carr, pues en escena existía también un quinto nombre: David Kammerer. Un brillante profesor universitario y mentor que vivía bajo el completo hechizo que la ardiente personalidad de Carr desprendía. Durante cinco años persiguió a Carr de manera obsesiva apareciendo en todas las universidades en las que estudiaba, con una vorágine sexual que hoy en día se consideraría como acoso. La presencia de uno siempre significaba una angustia para otro, hasta que en Chicago, Carr decide meter su cabeza en el horno y encender el gas. Aunque Lucien mas tarde excusaría el gesto como un ademán de obra de arte, entre sus más allegados se cree que fue un intento se suicidio.

Fue debido a este suceso que Lucien es trasladado por su familia a Nueva York, donde conocería a Allen y a Jack. Pero la tentativa fue en vano, pues Kammerer lo siguió hasta la urbe, acompañado por Burroughs.
Aquí tenemos la encrucijada de los cinco protagonistas que darían comienzo al movimiento.

Durante diez meses Kammerer se presentó en todos sus círculos y sus reuniones, atraído por la dualidad que ofrecía Lucien ya que a veces parecía hasta querer llamar su atención y otras lo evitaba. Una noche tienen un fatal encuentro en “Riverside Park” .

Después solo se escucha el silencio, David cae muerto, apuñalado. Lucien llena sus bolsillos de piedras y lo lanza al rio.


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Fue después que Lucien se destierra al silencio. Acusado de asesinato de segundo grado, se recluye al anonimato.

¿Porqué Lucien Carr?

Poco se sabe de su fantasmagórica figura, excepto que fue el secreto corrector de varios de los manuscritos de Jack, incluido “En el camino” y que era un personaje brillante, de feroz inteligencia, colindante con la extravagancia. Fue el que introdujo la poesía de Rimbaud a Allen Ginsberg, convirtiéndolo en el escritor que hoy conocemos, y éste mismo comentaba “Lou era el pegamento que nos unía a todos” . La clave improbable de un movimiento que cambió la literatura contemporánea y la manera de concebir un artista para siempre.

En escasas obras podemos leer su nombre, pero existe un pequeño relato escrito por Jack Kerouac y William Burroughs llamado “Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques” que relata los días anteriores al evento y la personalidad poco convencional de Lucien.

El director John Krokidas debutó en la gran pantalla con un filme llamado “Kill your darlings” que relata los mismos hechos desde el punto de vista más personal de Allen Ginsberg. El director apuesta por una relación de amistad muy intima interpretados por Daniel Radcliffe (Allen) y Dane Dehaan (Lucien) en una reflexión profunda sobre el amor y sus multiples facetas.


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En una época de Jazz desenfrenado, de taquicardia al ritmo de una trompeta de Be.bop, de cigarros que se consumen en los labios de jóvenes que excavan el tiempo en busca de su libertad. En una América llena de reglas y estándares, de morales escritas en piedra, nace una generación de almas poderosas e intensas decididas a caminar, y hasta correr sobre el filo para retar todo lo que ha sido establecido. Llenos de preguntas se declaran como “La nueva visión” y con los escritos de Whitman y Rimbaud bajo el brazo, ponen a prueba todo un sistema.

Sus nombres no nos son desconocidos pues lograron muchos de sus cometidos, y sobretodo, fueron capaces de desenvolver todo su ser y vivir una vida furiosa, de encender sus propios infiernos y de escribir sobre sus fantasmas y sus turbulentas nociones.

 

 

 

Alessandra Corazzini

Wizard's Howl apprentice on filmmaking and other arts of the heart.

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