En un lugar de la magia, de cuyo nombre no quiero acordarme

Portada realismo magico
Un resquicio, una pequeña fisura abierta en el adusto telón de la realidad, por la que se filtran retazos de mundos imposibles, para fundirse con la vida cotidiana y dar a luz a algo maravilloso. Tal es la esencia del Realismo Mágico.

Originariamente concebida en Latinoamérica a mediados del siglo pasado, como una estentórea réplica a la hegemonía de un Nihilismo traído a la región por el auge vanguardista, el Realismo Mágico implica una negación de la realidad en clave poética, una contraposición del misterio a la frialdad de los hechos, que diría Úslar Pietri. Dentro de éste, destacan literatos del calibre de Elena Garro, Juan Rulfo (con su imperecedero Pedro Páramo), Pablo Neruda, o quizá el que habría de destaparse como el antonomástico realista mágico: nuestro queridísimo García Márquez. Pero, ¿qué sentimientos pretenderían plasmar los autores en sus obras?

Quizá la magia inherente al surrealismo no sea sino la solidificación de las emociones del autor, a quien la realidad se le quedaba pequeña para expresar lo inefable. Tal vez, se trate de un grito de desafío, de reivindicación del espiritualismo ante (que no en contra de) la ciencia y lo puramente racional. De la aceptación de que, quizá, no todo pueda ser comprendido, pero si sentido.

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Los grandes genios Mágico-Realistas. Minuciosos cronistas del mundo más cotidiano. Su mundo. Lo cual no era óbice para que éste se viese visitado por el candor del surrealismo: Niños con colas de cerdo, muertos que se dan garbeos por ahí y charlan animadamente con quienes no lo están, objetos, personajes y localizaciones que súbita e inexplicablemente desaparecen para no volver a ser mentados en toda la obra, o regresiones y distorsiones temporales varias, (inclusive la completa negación del tiempo), constituyen sólo algunos ejemplos de los numerosos retazos de magia inexplicables disfrazados de anodina realidad.

Habrá quien se plantee qué puede tener de realista algo que rezuma tanta magia. Qué puede tener de verosímil. Y sin embargo, ¿no es acaso más verosímil que mucho de lo que acontece en nuestra vida, carezca de explicación? Eso indica el dicho: “La realidad supera la ficción”. Decididamente, no en el Realismo Mágico.

En definitiva, esta tendencia literaria es toda una oda a la riqueza léxica y estilística, un festín para los sentidos y la espiritualidad con matices de crítica social. El realismo mágico constituye un lugar geográfico en sí mismo, y los lectores que se embarquen en la aventura prometida, lejos de acompañar a los protagonistas, engrosan las filas de los seres sobrenaturales que deambulan por su diluida realidad.

Ya lo decía el gitano Melquíades: “Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima.”

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