La batalla del Bien y el Mal

portada_mobydick_2

A menudo solemos escuchar que, mientras el enorme cachalote representa el Mal, Ahab lo hace con el Bien. Ambos antagónicos, ambos enzarzados en una larga contienda que nunca ha de terminar, la eterna dicotomía del arte entre dos conceptos que nacen para enfrentarse. Pero, ¿por qué el mal no existe sin el bien? ¿Por qué las virtudes necesitan de los errores para existir? ¿Por qué, aún con la muerte de Ahab a manos de su enemigo, la guerra no quedo solucionada?

moby 8

quote1

Simple y llanamente porque Ahab no representa el Bien. El viejo marinero con una pata de palo y cicatrices en su cara no nació para mostrarnos el lado al que tenemos que apoyar sino que lo hizo para representar a ese hombre, orgulloso y solitario, que intenta capturar lo que no alcanza a comprender. Hablamos de un personaje tan humano que, a pesar de ser tanto héroe como villano, no está diseñado para decantar el lado de ninguna balanza. Lo puedes amar y lo puedes odiar, en su historia no tienen hueco los antónimos. Ahab nació para ser tan imperfecto que todos nos sintamos identificados con él, para luchar por un final imposible al igual que nosotros intentamos vencer a la muerte.

Sin embargo, Moby Dick –a menudo asociada con la idea de maldad- sí que puede representar los ejércitos de aquella lucha que ejercemos día a día, en nosotros mismos, en cada libro que abrimos. Es el Mal, ineludible como la Justicia e inmortal como el propio Dios. A la misma vez, es el Bien, Creador con mayúscula y dueño del desarrollo de una vida. Representa los dos conceptos que enfrentamos para enseñarnos que no hay victoria posible porque hace tiempo que se unieron para no separarse.

quote2

Hubiera sido cómodo vivir en un mundo en el que lo bueno y lo malo fueran ideas separadas a las que apoyar o de las que renegar. Cuando somos niños y aprendemos a leer, buscamos cuentos, relatos donde el héroe derrote al villano. Luego crecemos y, comprendiendo que lo malo también está dentro nuestro, intentamos eliminarlo leyendo a personajes que estén igual de turbados que nosotros mismos.  “He oído a gente decir que leyeron Moby Dick cuando eran niños, esto les define inmediatamente como mentirosos. Nadie que tenga por lo menos quince años –y que sea maduro para su edad- podrá enfrentarse a esas páginas” decía John Huston –director de la adaptación cinematográfica más importante del libro. Quizás, porque es el momento en el que comprendemos que nunca habrá final escrito.

Tuvo que ser necesaria una I Guerra Mundial para que el Moby Dick de Melville llegara a calar en la sociedad. El período de entreguerras fue el más fructífero, a niveles de venta, para la obra. Ya había tenido lugar la contienda bélica más devastadora hasta la fecha y la población había contemplado cómo –en busca del bien mayor y común- el mundo había quedado devastado. Es década en la que se quería olvidar lo malo y brindar por el futuro, donde los rencores se disfrazaban –haciendo que se volvieran más fuertes, ese pasado que nos ayudó a configurar nuestro presente. Tras haber conocido lo que el Mal de nosotros mismos podía llegar a hacer, nos costó menos entender aquella guerra interna a la que nos vemos abocados por el mero hecho de ser humanos. Melville ya lo había descubierto casi un siglo antes, lástima que nunca leamos a tiempo.

PequodCutaway

quote3

Entonces, ¿por qué necesitamos ser un poco más Ahab? Porque, a pesar de comprender que no hay posibilidad, tenemos que enfrentarnos al mundo. Luchar contra Moby Dick es acabar con la diferencia entre buenos y malos, es lanzar un ataque contra nosotros mismos. Ya sabemos el resultado. Tenemos que ser ese Prometeo rebelde al que el Dios castiga. Subirnos en Pequad, enfrentarnos a todos los Starbuck que nos encontremos en el camino y temblar de emoción cada vez que nuestros miedos remuevan el mar en forma de cachalote blanco. A sabiendas que no vamos a ganar la batalla, tenemos que mirar al frente por el mero hecho de seguir andando al igual que abrimos un libro sabiendo que nunca va a ser real.

Porque, a lo mejor, hay un Ismael amarrado a un ataúd dispuesto a contar nuestra historia.

Moby_Dick_p510_illustration

Loading Facebook Comments ...

Be first to comment