Pensiones de mala muerte, papel usado y carillas arrugadas

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Bukowski no creía en la belleza, entonces ¿qué hacen los cuerpos llenos de tatuajes con sus citas? Nunca tuvo éxito o, al menos, no un éxito editorial, entonces ¿qué hace el mundo lleno de sus poemarios? Escribía en pensiones de mala muerte, con papel usado y carillas arrugadas, entonces, ¿cómo es posible que haya reinado en un mundo de redes sociales? ¿Quién ese Bukowski, sucio y desarrapado, al que todos atribuyen citas sobre el amor? ¿Dónde se encuentra ese escritor maldito que renegaba del éxito de Van Gogh, Lorca y Bethoveen post-morten? ¿Qué pensaría, ahora que ya no vive, del éxito que le proporcionó una vida ingrata ahora que todos abogamos por la comodidad aún por encima del arte?

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Nació en 1920 porque no había otro año más adecuado para hacerlo si tu infancia va a ser una sucesión de desgracias, pobreza y maltratos paternos. Sufrió la crisis post I Guerra Mundial, el crack del 29 y la ley seca a manos de una familia descompuesta y de las risas de compañeros que nunca lo aceptaron por su condición física. Encontró en la literatura su modo de escape, como ya hicieran tantos a lo largo de la Historia, y nunca se sintió atraído por la idea de una vida sensata si esta no le iba a permitir crecer como escritor.

Vagó por toda América mientras bebía y escribía, encontró diversos trabajos temporales mientras seguía bebiendo y escribiendo y, al final, consiguió un puesto en una oficina de correos donde –aunque le fuera más complicado- seguía bebiendo y escribiendo. Nunca le pararon ni las úlceras sangrantes ni las recomendaciones de su primera esposa alegando que no servía para la literatura. En 1969 aceptó el contrato de Black Sparrow Press que le permitía dedicarse a sus dos pasiones a cambio de cien dólares mensuales. Era poco dinero, dirían muchos, pero a Bukowski le valía para vivir lo que él entendía por vida.


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No es curioso que la mayoría de su obra se conociera después de su muerte en 1994 a causa de la leucemia. Tampoco es de extrañar que se le relacione con la Generación Beat por cuestiones de estilo y temporales. Pero Bukowski nunca perteneció a esos ‘niños’ que, jugando a ser escritores, acabaron por reinar en la América vacía de mitad del siglo XX. Lo que sí es curioso, o a lo mejor es lo que le hace tan grande, es que conozcamos más de su vida por lo que él mismo escribió más que por lo que cualquier biografía nos pueda contar. Y, quizás, esos pedacitos de él repartidos ahora –y, en ocasiones, mal atribuidos- son los que hacen que nunca haya terminado de desaparecer.


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Bukowski no escribía ni por diversión ni por una cuestión meramente artística. Sus palabras le sangraban de las venas y, unidas a su adicción, nunca comprendió aquello que decía Hemingway de “escribir borracho, editar sobrio”. Era excelente y entendía el arte como algo que explotaba de dentro, que tenías que dejar salir porque si no te ahogabas. Nunca supo poner comas ni dejó que nadie se las pusiera. Era irreverente, soez, atrevido, nihilista, sucio y decadente. Como esa parte de la historia –la que tiene una hache mayúscula y la nuestra propia-  que siempre intentamos esconder. Reivindicamos a un poeta que nunca quiso ser reivindicado. ¿Qué hacemos, querido Bukowski, con eso?


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Posiblemente, se levantaría de su cama de sábanas con olor a alquitrán, nos miraría a los ojos y reiría levantando una copa. Le importaría tan poco que ni escribiría un poema a no ser de que le explotara en el pecho. Se iría con los que están fuera del ámbito cultural, con los que no establecen lo que vale o no vale, los que no reivindican a nada más que a su propia pluma y descubriría que esos, precisamente, no lo leen mucho. Porque, en esta sociedad aburrida y medida, no leer a Bukowski se ha convertido en el mayor símbolo de irreverencia cultural. Qué curioso.


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Y, a lo mejor, si dejamos de juzgar en parámetros de bonito y feo, si empezamos a ver la vida como una sucesión de coincidencias en las que no tenemos elección, si dejamos de ocultar lo que no nos gusta y si empezamos a leer a Bukowski en vez de escribir citas aisladas, le haremos el homenaje que se merece. Entendiendo que nos vamos a encontrar con un mundo de desolación, vida, fracasos y cerveza protagonizado por aquel poeta que nunca supo poner bien las comas.

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