Zaj, vanguardia y libertad

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“Zaj es como un bar, la gente entra, sale, está; se toma una copa y deja una propina”

La vanguardia vive de un contexto. El movimiento que apuesta por una separación total entre artista y tiempo necesita que haya algo que prenda la chispa, avive la llama y se quede observando las cenizas cuando éstas ya hayan dejado de brillar. La abstracción, el surrealismo, el neo dadaísmo, el futurismo, todos vivieron de su época, de la incertidumbre, la Historia y aquel siglo XX al que todos cantaron en direcciones independientes.

España, 1959. Año que nace con una Revolución que triunfa en Cuba, el ejército chino invade el Tíbet y Astérix, el Galo empieza a aparecer en las librerías francesas. Muere Lou Costello y Francisco Franco inaugura el Valle de los Caídos. Esa España aislada, olvidada, triste y azul, necesitada de arte y cultura. Juan Hidalgo, Román Barce y Walter Marchetti comienzan a formar el Grupo Zaj. Influenciados por el movimiento zen y el neo dadaísmo, con la idea de música en acción, sus siglas no significan nada más que tres fonemas, muy españoles, que tenían idea de revolucionar su país. Ser patriota no significa identificarse con una bandera. Ellos siempre quisieron cambiar algo.

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C oncierto ZAJ Lidl Raum Düsseldorf, 1968

Su primera acción fue recrear, el 19 de Noviembre de 1964, el último recorrido que ya hiciera en Madrid el anarquista Buenaventura Durruti por medio de un cortejo fúnebre a objetos sin ninguna disposición lógica. El 21 de Noviembre realizaron su primera actuación en el Colegio Mayor Menéndez Pelayo. Curioso es que en medio de aquellos días sería, once años después, cuando España diera el primer paso para dejar de ser tan azul.

Nunca les entendieron en este país. Su arte estaba demasiado lleno de conceptos que aún no se entendía. Poesía visual, mail art, happening, performance. Sonaba a los barrios bohemios de aquella Europa que aún andaba definiendo la modernidad y no a grises esperando en las puertas del Teatro Beatriz en 1967. El vocablo ‘zaj’ no consiguió pasar de boca en boca dentro de un tiempo en el que aún la gente tenía teléfonos en el cuarto de baño. Aún así siguieron intentándolo y cambiaron la concepción del escenario artístico al que estábamos acostumbrados. Trenes, plazas, cafeterías, facultades. Cualquier lugar era bueno para sacar una sonrisa mientras evitas la censura.

Fuera de España, se seguía con atención el devenir de un grupo que siempre pareció abocado al fracaso. Volaron a todas las capitales donde les aceptaran aunque el público no siempre reaccionara de la mejor manera porque, a fin de cuentas, no era el contexto al que iban dedicados. Esther Ferrer sustituyó a Barce mientras Zaj seguía intentando mezclar todos los estilos posibles. Ya no era un mero teatro musical donde la poesía y los carteles tenían cabida. Pasaron a ser un núcleo artístico donde todos los objetos eran bienvenidos. Hasta un compositor comiéndose una manzana podía ser una buena aportación.

ESTHER FERRER-Intimo y personal

“Íntimo y personal”, Esther Ferrer

España, 2014. Esther Ferrer es galardonada con el premio Velázquez, Marina Abramovic triunfa en las redes sociales con sus vídeos de performance, España es un Estado de Derecho democrático cuya soberanía reside en el pueblo. En las Universidades ya no hay un policía infiltrado por clase y podemos hablar –aunque no lo hagamos- de todo lo que queramos sin miedo a represarías. Los teatros ya no se llenan pero a la puerta no hay un comando policía esperándote. El arte hace tiempo que se separó de la política y la poesía visual de las paredes se ha quedado en una mera repetición del yo. Quizás ya no haga falta, quizás ya no es el contexto.

Ayer escuché a un chico de 18 años decir que “todos viviríamos mejor en una dictadura”. Quizás sí que hagan falta –siempre, siempre, siempre- tres vocablos sin sentido que resuenen a la palabra libertad.

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